Copulan sólo durante dos meses al año, pero cuando lo hacen, se entregan a ello con frenesí. El programa de Cría en Cautividad del Lince Ibérico, con cerca de cinco años de experiencia, ha permitido descubrir numerosos aspectos biológicos, morfológicos y etológicos de estos emblemáticos felinos en grave peligro de extinción.

Espiarlos día y noche los 365 días del año con las cámaras remotas desde la sala de control del Centro de Cría, en el Acebuche, dentro del Parque Nacional de Doñana, proporciona una valiosa información científica sorprendente, hasta ahora desconocida.

Así se ha sabido que las concentraciones de estrógenos y hormonas en los linces en cautividad son 35 veces más elevadas que las de cualquier otra especie de felino. ¿Por qué? El tiempo y la observación traerán la respuesta, aunque quizá el instinto reproductivo ante la mínima población que queda, sea la respuesta.

Tanto hormona y estrógeno en los linces activa la sexualidad a límites orgiásticos: durante los seis o siete días que entran en celo la hembras, permiten ser montadas por un macho hasta 80 veces en sólo un par de días. La cifra es la más alta del estudio; la media de cópulas es de 28 veces en esas horas. Como la mitad del tiempo están durmiendo, tocan a una cada hora.

«No está mal el número de cópulas, aunque los leones lo hacen hasta 200 veces», afirma Astrid Vargas, la directora del centro. En cualquier caso, el frenesí sexual garantiza lo que ambos animales buscan instintivamente con tanto ahínco: la descendencia. Tanta actividad deja preñada casi con seguridad a la hembra, según vienen demostrando los análisis de gestación, que se realizan con una técnica más que curiosa, explicada más adelante.

Rugidos y zarpazos

Cuando la hembra se queda preñada ya no quiere más sexo; pero el macho -como todos en el reino los mamíferos- quieren dispersar su semilla lo más ampliamente posible. En el Centro de Cría en Cautividad les dan una segunda opción; se supone que en la naturaleza logran una tercera, cuarta… Lo más promiscuo que puedan mientras encuentren otra hembra receptiva en esos dos meses -enero y febrero- que tienen el celo durante sólo una semana.

Los linces alcanzan la madurez sexual en el caso de las hembras a los tres años, y en el caso de los machos a los cinco años. Si se añade que no hay más que 30 hembras reproductoras entre la población en libertad y que tienen un celo tan corto una vez al año, no debe ser muy extraño que cuando logran el contacto sexual se entreguen a ello con pasión.

Los linces cautivos parecen ser los que más tiempo emplean en la tarea reproductora. Hasta dos minutos puede estar el macho penetrando a la hembra, mientras mantiene preso el pellejo de la nuca de su pareja. La cópula de otros felinos en los documentales de la televisión suele ser mucho más rápida, con rugidos y algún que otro zarpazo de rechazo.

«El semen de los linces es de poca calidad. Debe ser a causa de la falta de variabilidad genética», expresa la veterinaria portorriqueña Astrid Vargas, que en este periodo de tiempo ha logrado 24 nacimientos de linces, que representan más del 10% de la población silvestre. Con ellos se buscarán nuevas camadas en años sucesivos, y a partir de 2010 empezarán a ser liberados algunos ejemplares allí donde el hábitat es idóneo para acojerlos.

Los ocho especialistas y seis voluntarios que se turnan en el manejo de los 52 ejemplares cautivos actualmente han descubierto algo tan sorprendente como sentimientos de cariño entre alguna pareja.

Es el caso del macho JUB y la hembra Saliega, que muestran preferencia por estar juntos. Cuando JUB ha sido introducido en la jaula de otra hembra, Esperanza, para que procrearan otra camada el año pasado, JUB maullaba reclamando a Saliega y ésta le contestaba día y noche. Aún así, JUB dejó preñada a Esperanza, que pese a su edad madura es una hembra «juguetona y flirteadora», según sus cuidadores.

Una chinche muy eficaz

Para un centro como el de el Acebuche, es muy importante conocer lo antes posible si tras la cópula, la hembra ha quedado gestante. Los análisis de orina y heces no siempre dan buen resultado, lo mejor es un análisis de sangre basado en la detección de la hormona placentaria relaxina.

Pero no conviene anestesiar a la futura madre para extraerle una muestra de sangre por el estrés que puede suponer.

De ahí que, los expertos el Centro de Cría hayan desarrollado una técnica mediante insectos triarómicos de los géneros Tipetalogaster y Rhodnia, que no son otros que las chinches sudamericanas que transmiten el mal de Chagas y otras patologías.

Estos insectos, que cría libres de patógenos y virus el Instituto de Investigaciones de Vida Silvestre del Zoo de Berlín, se meten en unos cubículos perforados en los corchos sobre los que descansan los animales. Por un tamiz pueden sacar su trompa con la que logran succionar hasta tres milímetros de sangre del lince al que se quiere analizar mientras descansa.

Luego sólo hay que retirar la sangre del abdomen de la chinche y proceder al diagnóstico del embarazo u otras enfermedades. El año pasado siete hembras pudieron ser analizadas gracias a este método no invasivo y carente de riesgos y manejos no recomendables.

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El lince Iberico

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El lince ibérico es un felino de tamaño mucho mayor que un gato doméstico. Se caracteriza por su aspecto robusto, sus patas largas y su cola corta con una borla negra en el extremo y que suele mantener erguida batiéndola en momentos de peligro o excitación.

Sus orejas están rematadas por unos característicos pinceles compuestos por pelos negros rígidos cuya finalidad posiblemente sea la de descomponer la redonda silueta de su cabeza, favoreciendo de este modo su mimetismo.

También son características las patillas que cuelgan de sus mejillas y que aumentan progresivamente de tamaño con la edad. Los jóvenes de pocas semanas carecen de patillas y casi de pinceles y en los individuos de un año ya aparecen las patillas, aunque cortas, que apenas cuelgan por debajo de la barbilla. Los machos tienen las patillas más largas que las hembras.

Su coloración varía de pardo a grisácea con los flancos moteados de negro. Existen tres patrones de pelaje:

  • Mota fina: con numerosas manchas de pequeño tamaño y repartidas uniformemente y de manera densa, que tienden a concentrarse en los flancos laterales.
  • Mota gruesa A: Las manchas son de mayor tamaño y tienen cierta tendencia a diisponerse en líneas, apareciendo dos o más parejas de motas de mayor tamaño a nivel de los hombros.
  • Mota gruesa B: Las motas son del mismo tamaño que en la mota gruesa A, pero no se aprecia ninguna ordenación específica ni las manchas de los hombros.

Los individuos adultos presentan un claro dimorfismo sexual en su tamaño y la longitud de los penachos de las orejas y de las patillas. Sin embargo, machos y hembras son muy similares en tamaño durante el primer año de vida.

Las plantas de sus patas son anchas y almohadilladas y le permiten desplazarse silenciosamente.

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Hábitat y distribución

El lince ibérico se encuentra exclusivamente en zonas muy restringidas de España y Portugal.

El hábitat principal del lince ibérico lo constituyen las áreas de bosque mediterráneo bien conservadas, aisladas de la actividad humana y con abundante matorral.

El tamaño del territorio está condicionado por la abundancia de presas potenciales, pero como media ocupa unos 10 kilómetros cuadrados. En zonas ricas en alimento, el territorio del lince será algo menor que en zonas pobres. Dentro de este territorio suelen existir distintas zonas vitales para el lince como las zonas de monte bajo para el descanso y las zonas de campeo donde el lince estará en activo y que coinciden con las de máxima densidad de conejos.

Actualmente los núcleos mejor conservados se limitan a Sierra Morena Oriental, Montes de Toledo Orientales y Doñana. También hay poblaciones reducidas en Sierra de San Pedro y Sierra de Gata, Sierra Morena Central y Occidental y algunos puntos de las Sierras Béticas de Jaén y Granada.

Alimentación

El lince ibérico es el único carnívoro considerado como especialista en conejos. Esta especie le aporta del 80 al 90% de su alimentación. También consume anátidas, ungulados, perdices, micromamíferos y aves. La aparición de estas presas en su dieta depende de la época del año, de la disponibilidad de presas y de la zona.

En la mayoría de los casos, vive de manera solitaria y nómada, mostrándose más sociable en la época de celo.

Es un ágil cazador. Se aproxima sigilosamente a la pieza y salta sobre ella con rapidez. Menos frecuentemente espera oculto a que pase cerca una pieza.

Cuando las temperaturas máximas aumentan, los linces pasa más tiempo descansando, al contrario que con las precipitaciones. Los linces juveniles son básicamente crepusculares y diurnos, con un aumento de su actividad nocturna después de su primer año de vida.

Durante el invierno, los linces pueden tener actividad durante las 24 horas del día, contrastando con sus hábitos casi estrictamente nocturnos en verano.

Reproducción

El celo comienza entre enero y febrero, adelantándose en regiones meridionales. El lince es un animal de hábitos solitarios, aunque en esta época del año suele permanecer con su pareja. Las madrigueras se hacen en lugarse bien protegidos y escondidos como roquedos, árboles huecos, etc.

La gestación dura 62 ó 63 días, tras la cual la hembra pare una media de 2 crías. Es la madre la que se hace cargo de los pequeños. A las cuatro semanas suele cambiar de madriguera, y a los dos meses las crías son capaces de acompañar a su madre en las cacerías.

En otoño comienza la fase de dispersión, durante la cual los individuos juveniles abandonan el territorio natal. Su capacidad de dispersión puede llegar a ser considerable, atravesando zonas de regadío o plantaciones de eucalipto. A pesar de esto, es demasiado frecuente que estos jóvenes se encuentren con numerosas barreras infranqueables como carreteras, pozos, cepos y lazos, y no lleguen a su destino.

El lince ibérico alcanza su madurez sexual al año y medio de vida y llega a vivir de 10 a 15 años.

Problemas de conservación

El lince ibérico se declaró especie protegida en 1966. Es el felino más amenazado del mundo.

De las 31 zonas en las que habitaba el lince en 1960, solamente quedan linces en 8. La evolución de la distribución de la especie ha sido claramente regresiva. Sólo en puntos muy concretos parece que la especie se ha mantenido en buen estado.

El lince ha ido perdiendo territorio debido generalmente a las infraestructuras humanas, y por tanto las poblaciones se han ido separando paunatinamente unas de otras hasta llegar a estar totalmente incomuncadas, fragmentadas y aisladas por barreras de distintos tipos que impiden el intercambio genético entre poblaciones. Éste es uno de los problemas actuales más importantes para la conservación de la especie.

Además de la fragmentación de las poblaciones, se enfrenta a otros problemas, como los siguientes:

  • El descenso de las poblaciones de conejo por enfermedades como la mixomatosis o la neumonía hemorrágico-vírica.
  • La pérdida de su hábitat, típicamente de zonas de cobertura vegetal densa y baja densidad humana, a la que han afectado también las repoblaciones con especies de crecimiento rápido (pino, eucalipto) que evitan la proliferación de matorral, así como la ganadería intensiva con la consiguiente sobre-explotación del estrato herbáceo, que limita las poblaciones de conejos.
  • La caza indirecta y los métodos no selectivos de caza, como los cepos y lazos.

Enlaces

Bibliografía

  • Barea, J.M. y Ballesteros, E. 1999. “Carnívoros ibéricos”. Colegio Oficial de Biólogos de Andalucía.
  • Cabrera, Ángel. 1914. “Fauna ibérica. Mamíferos”. Museo Nacional de Ciencias Naturales.
  • Castell, A. y Mayo, M. 1993. “Guía de los mamíferos en libertad de España y Portugal”. Ed. Pirámide.

Extraido de: FaunaIberica.org